La animacion japonesa desde lo que evoca, lo que permite preguntarse y muestra

Hay lenguajes en lo intercultural que nos comunican con lo más propio y arraigado al hombre: el inconsciente; en el manga y el anime se hayan narrativas que trasmiten esa condición de manera novedosa, a veces con excesos o desbordes , pero siempre como algo sublime capaz de provocar pensamientos, sentimientos y ecos que trastocan nuestra vida. Aquí se habla de una posibilidad narrativa que explora las facetas y siluetas de la subjetividad humana.

jueves, 16 de abril de 2015

El HUEVO DEL ANGEL -TENSHI NO TAMAGO.

EL  GRITO DE UN ÁNGEL EN LOS LINDEROS DE LA ANGUSTIA

Por David Mira Vergel.

El   tiempo  que  duramos esperando lo que  vendrá  de una pantalla en donde ponemos nuestra mirada,  aunque breve,  no  deja de  ser   crucial  pues es  el momento en donde se enciende el deseo.  En  un cine algo se sabe de la película que se va a mirar, y en la  televisión se  cuenta con un horario y algunas características sobre el programa que se ha elegido aunque, cabe aclarar que esto no salva a nadie de las sorpresas que pueden darle algunos sucesos de la pantalla que logran asaltar la calma del sujeto y asentar  en él interrogantes por medio de la angustia; me pregunto: ¿Qué revelan de nosotros aquellas cosas en las que fijamos nuestra mirada?  Y no sin alguna sospecha  ¿Por qué existen cosas famosas dignas  de ser miradas, así como otras que no han de ser miradas? O puede que  las cosas no se reduzcan a las dicotomías  de mis preguntas,  que aquello se establece como bello puede  volverse  repugnante en algún momento, y para lo  ominoso quizás tengamos  guardadas algunas sonrisas.

 Es  bien conocido aquel refrán que dice que “una mirada  vale más que mil palabras”  aquello nos dice que lo que  disfruta o padece  nuestra mirada, despierta emociones que  muchas  veces  hacen que al sujeto, al no saber lo que le pasa no le quede más alternativa que su silencio mientras inventa algo que pueda decir; la  belleza  y el horror  congelan al observador que en ese momento solo tiene como testigos a sus ocurrencias y a las sensaciones que emanan de su cuerpo nacidas en el momento de la contemplación, donde la belleza puede ser un presagio de lo  trágico.

La   existencia de  mandatos sociales que  pretenden  decir dónde mirar y en que actos es pertinente poner nuestro cuerpo  para que sea mirado por el otro, guiado esto por ideologías sobre determinados valores; la  iglesia, el ejército, los  cinemas, la televisión , el internet,  esparcen  significaciones  con las que  se pretende pescar  algún sujeto al que  agarrar  entre  los  “suyos”;  lo que poco  se dice es que por más extrema o violenta que pueda ser la influencia de lo social, es el sujeto quien al final  decide si agarrarse o no a las formas de agrupación presentes , dependiendo esto de las beneficios y posibilidades de actuar  que encuentre para él en algún escenario. Y esto sucede porque la mirada  esta  hambrienta, de  un cuerpo, de  fantasías  con las que diseñarse un mundo a la medida, así pues  aquel que  arrastra  su mirada sobre una pantalla siempre pide  algo,  e  incluso  exige  que se le  de   aquella  cosa  única y singular que  tiene  que  ver con él,  con pasión el sujeto  busca,  y cuando  cree que  ha  hallado,  muchas  veces  se  desilusiona  al darse  cuenta  que, las promesas de los ídolos, de las imágenes  publicitarias, y las imágenes de utopías, no logran  satisfacerle con una respuesta sobre su vida.

La   encrucijada   acecha cuando desde la pantalla  se ofrece un lazo social muy particular , el de lo artístico , el cual  afortunadamente dificulta  un concepto unificado y le permite al sujeto el encuentro con la confusión y el recorrido de su propio  abismo  para  recordarle  que  para ser  honesto consigo mismo solo le queda su angustia, a  eso  me  arrojo  “El  huevo del  Ángel”  o “Tenshi no tamago” titulo original,  una   película que  lejos de llenar de indicaciones y guías la pantalla, me  atasco en la  incertidumbre, la  cual  me  resulta una postura ética de esta obra, al  poner  un mundo  desolado  y  unas  pocas  palabras  a  disposición del espectador, no  impone sentidos es un sinsentido presto a construirse, un puente entre el espectador y los relatos de su inconsciente, sabe que el  espectador no es tan  inocente,  y lo invita  a que haga  su propio trabajo, a que  vaya inventándose para sí  mismo,  algo  que hace,  al  quedar  en la pantalla  como un  significante, que si  bien,  para  algunos podría no tener ningún sentido, para  otros puede que  presione fuerte en el lugar indicado, generando  con esto un  estallido subjetivo, del que  pueden  devenir  camino inéditos,  incluso para quienes  crearon  la  película, para quienes  lo que emergió en el espectador  debido a su  obra, puede  hacérseles  extraño.

Cualquier  objeto  puede  ser  hogar  para, soñar,  sufrir, o  incluso  guardar lo poco que  se  tiene,  con el temor a la perdida se protegen los objetos más preciados, porque lo que se  teme es  perder los cimientos que componen nuestro propio mundo, y luego no poder responder por el propio ser, de esa confusión la angustia  ríe  y teje  sus relatos con certeras sentencias, que  emergen  cuando  un  hombre y una niña  viajan cargando  un huevo, que  se  nombra como  un  bien  preciado no por su valor  fálico  como si  teniendo este huevo se tuviera  dinero ,  sino  por su valor en el interior, como si este fuera una reliquia, un objeto místico, o una extensión muy  preciada del  cuerpo de  aquella niña .
La  pregunta  por  el ser ¿Quién  eres? , que  aún sin tener  una respuesta  en la palabra, generaba un  eco entre los personajes;  no deja de  ser  una pregunta  que  convoca desconcierto,  cuando es llevada al extremo quiebra  radicalmente muchas de las  máscaras a las que el sujeto se engancha para  responderla,  el no saber cómo responder a esto educa  sobre la verdad que guarda el corazón de cada sujeto, a través de la duda como medio esencial para encontrarse al extraviarse en lo incierto, para  darse  cuenta  que no hay nada que pueda dar  total seguridad, y que  ni un huevo  ni otra cosa  será  una  solución  definitiva, dado que la existencia de lo perfecto solo existe en el mundo de la ilusión; la pregunta  por el  ser será nuestra eterna compañera, pues con esta intentamos hablar sobre lo que mantiene a alguien atado a la vida,  una pregunta por el deseo  mismo,  ¿Qué quieres?  O  ¿Qué  deseas?,  difícil  de  responder  y  como lo  enseñaron  los  personajes de “el huevo del ángel”  cuando las  palabras  no alcanzan  emergerán los actos intentando explicar la situación.


Los  actos en esta historia  , la  ruptura de un  huevo  ,  que de alguna manera parece se  acordó en algún momento,  recuerda  que  cada  vez que un humano se encuentra  con  otro,  resulta  ser inevitable  una ruptura de  algo muy preciado, siendo esto algo que muy frecuentemente el humano denuncia,  “Me  daño la vida”  “se llevó mi  juventud” “se  llevó lo mejor de mi”  son  unos  pocos  enunciados  sobre  una tragedia que la niña del cabello  blanco encarna en un grito que  rasga todo  su mundo, angustiando al espectador, pues no le  es  algo  ajeno, ya  que  también  algo habrá  perdido  en sus encuentros con el  otro;  esta película me deja a mi tres preguntas ¿El otro nos arrebata algo y quedamos en perdida? o ¿Aquello que creemos perdido es algo que previamente dejamos caer nosotros mismos?  Y  ¿El anime es un arte? Si lo es ¿Qué lo hace un arte?  Y  ¿Qué  funciones a cumplido dentro de lo artístico? 

Pocas palabras para tanta desolación.

Por David Parada. 

El encuentro con una obra que tiene por protagonista una niña de aspecto angelical, provoca conjeturas respecto a la condición humana, muchas veces intervenida por aquella  promulgada por las iglesias y los cultos religiosos, pero existen otros matices, que siempre  dejan entrever en el arte o cualquier expresión que tome la idea de lo angelical,  algo a su vez demoníaco. Uno de sus creadores de Tenshi no Tamago ( El huevo del ángel)   fue el director de la película  "Ghost in the sell", Mamoru Oshi,  sin conocimiento sobre esta película,  supongo que algo debe hacer eco entre estas dos obras, lo cual se constituye en una vía a continuar con estos escritos;  por el momento lo que sigue en éste, son interpretaciones que la obra ha dejado para uno de sus espectadores.

Mientras uno como espectador se introduce en al trama de esta película , el silencio se personifica como el mejor protagonista de un paisaje desolado, aparentemente postapocalíptico, en el que una nave espacial con un gran ojo aterriza,  para luego mostrar a una  niña que despierta de un sueño y descubre que ha puesto un huevo. Luego mientras juega con él, simula que está embarazada, cubriendo con sus manos angelicales y blancas  aquel huevo a manera de vientre, a medida que recorre las calles de una ciudad anónima va recogiendo cristales con formas ensanchadas y curvas que. como en algunos  casos de autismo,  juegan a llenarlas de agua y mirarlas por un tiempo prolongado para luego beberlas. Un espanto se hace presente en la ciudad y ello provoca la movilización de centenares de soldados que van tras la caza de la sombra de un gran pez. Intentando con lanzas atraparla, ésta se les escabulle por entre las paredes que resplandecen, manteniendo viva la presencia de los peces sombra.

Esta niña se encuentra con un hombre de cabello blanco que porta un arma con forma de cruz; en su encuentro, los dos se acompañan bajo un anonimato y una tensión en la mirada que inspira desconfianza. Ya habiendo recorrido algunos trayectos por el devastado escenario, el hombre gana la confianza de la niña y logra hacer que se desprenda del huevo que atesoraba bajo sus mantas, tiempo que utiliza el hombre para dar respuesta a la pregunta por el contenido del huevo. Mientras  la niña duerme, este hombre incrusta el arma en forma de cruz sobre el huevo, dejando al espectador de la escena sin un recurso visual que ponga en evidencia el contenido del huevo. Otra vez la angelical niña despierta y sus ojos se acrecientan cuando su mirada encuentra fragmentado  aquel sustituto fálico que mantenía su lozano y tranquilo semblante; disparada por un grito de horror, este aparente ángel, corre hacía un precipicio en una escena en la que se muestra la figura  de la niña ángel  cayendo  y la de una mujer ángel saliendo a la superficie; las dos se encuentran en un beso  y de las burbujas del aire que expira  emergen una centena de huevos. Finalmente la nave espacial que desciende en el principio, ahora  despega y en ella se divisa la estatua de la niña ángel, ahora petrificada por el encuentro con la castración, mientras el espectador va descubriendo que el mundo al que había llegado era otro huevo que estaba divido por un sector de luz y otro de sombras.

Algunos elementos que en esta película aparecen ponen en debate el asunto de la angustia:  la del espectador y la del personaje que allí se representaba, una angustia que se precipitaba hacia una renuncia traumática  por el objeto deseado y poseído por está niña ángel,  que no tiene más alternativa que lanzarse al precipicio del encuentro con su cuerpo de mujer, el cual se le revela erógeno, cuando con sus manos lo toca, lo percibe contorneando sus senos, en un lugar donde la nominación es un enigma  y en el que la luz,  proyecta sombras de objetos desconocidos,  sin nombre, para los que la luz no sirve de revelación ni a los personajes, ni al espectador. Pocas palabras para tanta desolación.